domingo, 10 de abril de 2011

José Gorostiza

Biografia
Nació el 10 de noviembre de 1901, en San Juan Bautista, actualmente Villahermosa (Tabasco). Este poeta mexicano perteneció al grupo de los Contemporáneos, junto con otros destacados exponentes literarios. Nombres como Xavier Villaurrutia , Carlos Pellicer, Gilberto Owen y Jaime Torres Bodet, se ubican en esta corriente, en búsqueda de lograr una poesía con rasgos de universalidad.
Era un hombre sereno y reflexivo, con una búsqueda continua de su esencia y de lo trascendente. Su obra es profundamente espiritual, caracterizada por el simbolismo y la exaltación de la belleza formal.
Tuvo la influencia de escritores franceses e ingleses. Fue crítico literario y de las artes plásticas, dedicándole además, mucho tiempo de su vida al servicio público. Trabajó en el Servicio Exterior, a partir de 1927, representando a la diplomacia mexicana en Londres, Copenhague y Roma. Ingresó como numerario en la Academia el 22 de marzo de 1955.
Sus creaciones se reducen a dos libros: “Canciones para cantar en las barcas” (1925), que contienen poemas sencillos en apariencia, pero plenos de significación. Poemas líricos, populares que cuidan la métrica decimal, para ahondar en el alma.
Su otro libro: “Muerte sin fin” (1939), expresa en versos más complejos, una búsqueda metafísica de su yo interior y del sentido del universo y de la muerte. Es un poema crítico y dialéctico, rico en técnica y contenido, que explora temas como la vida, la belleza, Dios, el hombre y el conocimiento de la muerte.
Falleció en México, D.F., el 16 de marzo de 1973.

Bibliografia
Destacan sus poemarios Canciones para cantar en las barcas (1925) y, sobre todo, Muerte sin fin (1939) y Poesía (1964).
                                                JOSÉ GOROSTIZA 
Obras

Borrasca

Noche, madre sombría,
de nubes negras y relámpagos ágiles,
cuyos gritos de luz al mar doblegan:
Menesteroso de silencio, pido
tres palmos de la orilla
desolada,
de donde pueda regresar sencilla,
como un fuego marino, la mirada.
Nublada debo de tenerla ahora,
mientras el mar castiga sus lebreles,
si tú piensas la angustia de una estrella
- viento del norte la desprende el oro -
y yo, sin los resabios
del camino,
en un beso feliz, añejo vino,
dulce soplo de brisa entre losa labios.
En el mismo sendero son viadores
un límpido crepúsculos de luna
y el pájaro fugaz de la tormenta.
Para un mismo viajero
se divide en jornadas el camino,
porque pasan la aurora y el copo del lucero
vespertino
en un solo sendero.
Noche, madre sombría:
Cuando llegue el minuto negro de mi borrasca,
hazme sufrirlo aquí, junto a la orilla
del agua amarga.
que, si me vienen ganas de llorar,
quiero tener azules las ideas,
y en mis palabras el sonar
de las mareas.


El enfermo

Por el amplio silencio del instante
pasa un vago temor.
Tal vez gira la puerta sin motivo
y se recoge una visión distante,
como si el alma fuese un mirador.

Afuera canta un pájaro cautivo,
y con gota fugaz el surtidor.

Tal vez fingen las cortinas altas
plegarse al toque de una mano intrusa,
y el incierto rumor
a las pupilas del enfermo acusa
un camino de llanto en derredor.

En sus ojos opacos, mortecinos,
se reflejan las cosas con candor,
mientras la queja fluye
a los labios exangües de dolor.

Cuenta la Hermana cuentas de rosario
y piensa en el Calvario
del Señor.

Pero invade la sombra vespertina
un extraño temor,
y en el péndulo inmóvil se adivina
la séptima caída del amor.

Tal vez gira la puerta sin motivo.
Afuera canta un pájaro cautivo,
y con gota fugaz el surtidor.


Elegía
                                                               A Ramón López Velarde
Solo, con ruda soledad marina,
se fue por un sendero de la luna,
mi dorada madrina,
apagando sus luces como una
pestaña de lucero en la neblina.
El dolor me sangraba el pensamiento,
y en los labios tenía,
como una rosa negra, mi silencio.
Las azules cenéforas de la melancolía
derramaron sus frágiles cestillos,
y el sueño se dolía
con la luna de lánguidos lebreles amarillos.
Se pusieron de púrpura las liras;
las mujeres, en hilos de lágrimas suspensas,
cortaron las espiras
blandamente aromadas de sus trenzas.
Y al romper mis quietudes vesperales
lo gris de estas congojas,
las oí resbalar como a las hojas
en los rubios jardines otoñales.
Apaguemos las lámparas, hermanos.
De los dulces laúdes
no muevan le cordaje nuestras manos.
Se nos murieron las siete virtudes,
al asomar
los finos labios del amanecer.
¡Ponga dios una lenta lágrima de mujer
en los ojos del mar!


Espejo no: marca luminosa...
Espejo no: marca luminosa,
marca blanca.

Conforme en todo al movimiento
con que respira el agua

¡cómo se inflama en su delgada prisa
marea alta

y alumbra -qué pureza de contornos,
qué piel de flor- la distancia,

desnuda ya de peso,
ya de eminente claridad helada!

Conforme en todo a la molicie
con que reposa el agua,

¡cómo se vuelve hondura, hondura,
marea baja,

y más cristal que luz, más ojo,
intenta una mirada

en la que -espectros de color- las formas,
las claras, bellas, mal heridas, sangran!

José Gorostiza, en una fotografía tomada del libro La literatura mexicana del siglo XX,editado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Arte


Critica Literaria

 


José Agustín Ramirez

Biografia

Periodista, ensayista, narrador, dramaturgo, director y guionista de cine. Nació el 19 de agosto de 1944 en Acapulco, Guerrero. Su nombre completo es José Agustín Ramírez Gómez. Realizó estudios de letras clásicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), de dirección cinematográfica en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC / UNAM), y de composición dramática en el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y en la Asociación Nacional de Actores (ANDA). Participó además en el taller literario de Juan José Arreola.
Fue estudiante de la segunda generación del CUEC en 1965; becario del Centro Mexicano de Escritores (1966-1967), del Internacional Writing Program de la Universidad de Iowa (1977), así como de las fundaciones Fullbright (1977-1978) y John Simon Guggenheim (1978-1979).

El llamado “hijo predilecto de Cuautla” [lugar donde reside] ha sido galardonado con los siguientes reconocimientos: Premio Nacional de Literatura Juan Ruiz de Alarcón en las VI Jornadas Alarconianas en Taxco, Guerrero (1993), por su trayectoria literaria y su aporte a las letras mexicanas, y el Premio Latinoamericano de Narrativa Colima-INBA (1993). Además, en 1994 fue objeto de un homenaje nacional en Saltillo, Coahuila, a cargo del Instituto Coahuilense de Cultura, la Universidad de Coahuila y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

Obras

Narrativa

  • De perfil1966, novela
  • Inventando que sueño1968, relatos
  • La nueva música clásica1969, ensayo
  • Se está haciendo tarde (final en la laguna), 1973, novela
  • El rey se acerca a su templo1977, novela
  • Ciudades desiertas1982, novela
  • Cerca del fuego1986
  • No hay censura1988, relatos
  • Luz interna1989
  • Luz externa1990
  • Contra la corriente1991, crónicas
  • La miel derramada1992
  • La panza del Tepozteco 1992, novela
  • Dos horas de sol1994, novela
  • Cuentos completos2001
  • Vida con mi viuda2004, novela
  • Arma blanca2006
  • La Casa del Sol Naciente2006
  • La Contracultura en México2007, ensayo
  • Vuelo sobre las profundidades2008

[editar]Teatro

  • Abolición de la propiedad1969
  • Los atardeceres privilegiados de la Prepa 6, obra estrenada en 1970
  • Círculo vicioso, obra estrenada en 1974

[editar]Historia reciente de México

  1. Tragicomedia mexicana I, La vida en México de 1940-1970, 1990
  2. Tragicomedia mexicana II, La vida en México de 1970-19821992
  3. Tragicomedia mexicana III, La vida en México de 1982-19941998

[editar]Autobiográfica

  • El Rock de la cárcel1984.
  • Diario de brigadista. Cuba, 19612010

[editar]Guiones cinematrográficos

  • Cinco de chocolate y uno de fresa, 1967, dirección de Carlos Velo
  • Alguien nos quiere matar 1969, dirección de Carlos Velo
  • Ya sé quién eres / Te he estado observando, 1970, dirección de José Agustín
  • El apando (colaboración), dirección de Felipe Cazals, 1975
  • El año de la peste (colaboración), dirección de Felipe Cazals, 1978
  • La viuda de Montiel (colaboración), dirección de Miguel Littín, 1979.
  • Amor a la vuelta de la esquina (colaboración), dirección de Alberto Cortés, 1985
  • Ciudad de ciegos (colaboración), dirección de Alberto Cortés, 1990


Obras

ALGUNA NOCHE

Alguna noche -las fogatas eran 
        de dolor o de júbilo-
la casa te veía desertar. 

Te abrías a una vida 
distinta, a un mundo 
alegre como los ojos de un dios: 
        voces mayores, fuegos de artificio,
        inacabable noche de San Juan
en tu estancia vacía... 

El tiempo se agrandaba en los rincones, 
se detenía en torno al corazón, 
        mientras el estruendo proseguía,
        lejos, lejos, quién sabe si real.

Después, todo más claro: 
los sonidos pequeños, el crujido de un mueble 
        la lluvia en el desván.

        Nueva vida a las cosas, el alba aparecía,
        y tú llegabas, amorosamente.

         

         

        ASÍ...
        Algunas veces llego
        presuroso, rodeo
        tus rodillas, toco
tu pelo. ¡Ay Dios, quisiera 
        decirte tantas cosas!
        Te compraré un pañuelo,
seré buen chico, haremos 
        un viaje....No sé,
        no sé lo que me pasa.

Quiero morir así, 
        así en tus brazos.

         

         

        COMO LA PIEL DE UN FRUTO
Como la piel de un fruto, suave 
        a la amenaza de los dientes,
        iluminada, alegre casi,
ibas camino de la muerte. 

        La vida estaba en todas partes:
        en tu cabello, sobre el césped,
        sobre la tierra que añorabas,
        sobre los chopos,  por tu frente...

        Todo pasó, tal un verano,
sobre tu carne pura y breve. 
        Como la piel de un fruto, ¡eras
        tan olorosa y atrayente!

Critica Literario

Alberto Cabezas*

Aunque muchos crean que con el escritor mexicano José Agustín comenzó “la onda”, el movimiento literario más atrevido y desinhibido del último tercio del pasado siglo, el propio autor niega la existencia del mismo.

El autor mexicano, a sus sesenta años, confiesa que se pasó toda la vida reivindicando que sus libros contienen algo más que “sexo, drogas y rock and roll”, como muchos quisieron ver en él.

La tumba, una obra que actualmente Agustín no duda en considerar “antediluviana” pero que entonces rompió moldes y escandalizó a la ya de por sí convulsionada sociedad mexicana.

La aparición de la novelita de Agustín, un centenar de páginas que narran las aventuras y desventuras de Gabriel Guía, en la que se narra la vida de un adolescente de clase media que no sabe qué hacer con todo lo que le ofrece la vida, fue todo un fenómeno editorial.

“El término de la onda no fue mío, no se le ocurrió a ninguno de quienes se atribuyen haber pertenecido a ella. Nunca constituimos ningún movimiento literario, nunca nos pusimos de acuerdo en escribir de esa manera, nunca elaboramos un manifiesto ni nada por el estilo”, explicó José Agustín.

El escritor está considerado el eje de un cuarteto formado por Gustavo Sainz, Parménides García Saldaña y Juan Tovar, que durante aquellos años publicaron novelas que tenían como protagonistas a jóvenes inconformes, deslenguados e idealistas que creían en el amor pero también se reían de todo lo que tenía que ver con la sexualidad y los tabúes.

Gustavo Sainz, autor de Gazapo (1970), contaría la historia de una pandilla con personajes que ante todo eran o querían ser transgresores. Se le compara con John Updike (1932) y con Bernard Malamud (1914-1986).

Parménides García Saldaña (1944-1982) dejó dos novelas Pasto verde (1968), sobre las aventuras de un grupo de pandilleros, y El rey criollo (1970), basada en el mundo del rock, en las que plasmó las vicisitudes que vivieron personajes inadaptados, cautivados por la marginalidad, anárquicos.

El último exponente del grupo fue Juan Tovar, con su libro de cuentos Los misterios del niño (1966), quien también se dedicó al cine.

José Agustín lamenta que la etiqueta que le colgó la crítica Margo Glantz en 1970 al hablar de ellos cuatro como la onda estuviera cargada de prejuicios e hiciera de su literatura algo “reductivista, que era sólo sexo, drogas y rock and roll”.

El escritor que fue considerado auténtico eje de la onda lamenta que algunos hayan tenido “una visión muy cerrada de lo que era la literatura” y criticado sin pausa sus libros.

“Me acusaban de periodístico, de taquígrafo, de vulgarizador, de plebeyizador de la literatura, pero cuando mis libros se trataron de adaptar al cine, resultó que eran dificilísimos de adaptar porque era elemento verbal y literario el que había ahí”, indica Agustín.

“Muchos tardaron siglos en reconsiderar (...) Otros se quedaron en la idea de lo que yo hacía era absolutamente prescindible, apostaron a que lo que hacía no perduraría nada”.

Con los años se encuentra cada vez más a gusto con la etiqueta de que es “un escritor incómodo”, que ha capeado multitud de críticas y sigue en la brecha.

Sobre La tumba, un libro que ha marcado a varias generaciones de jóvenes mexicanos, que este mes cumplió cuarenta años en el mercado y que el próximo año será promocionado en España, cree que es una obra que no tiene fronteras.

“Mi experiencia es que si los países a donde llega el libro no son demasiado cerrados ante los contextos nacionales de otros países sino que ven más bien los factores esenciales y no los circunstanciales, puede ser disfrutado en cualquier parte”, agregó el escritor.

Para el autor, su gran virtud es que “logra reflejar el mundo del crecimiento, el laberinto tan tremendo de la soledad que es matar el ser que vive en una familia y dependía de una serie de cosas, para renacer y ser él mismo, es un proceso universal que se da absolutamente en todas partes”



         




Federico García Lorca

Biografía

(Fuente Vaqueros, España, 1898 - Víznar, id., 1936) Poeta y dramaturgo español. Los primeros años de la infancia de Federico García Lorca transcurrieron en el ambiente rural de su pequeño pueblo granadino, para después ir a estudiar a un colegio de Almería.
Continuó sus estudios superiores en la Universidad de Granada: estudió filosofía y letras y se licenció en derecho. En la universidad hizo amistad con Manuel de Falla, quien ejerció una gran influencia en él, transmitiéndole su amor por el folclore y lo popular.
A partir de 1919, se instaló en Madrid, en la Residencia de Estudiantes, donde conoció a Juan Ramón Jiménez y a Machado, y trabó amistad con poetas de su generación y artistas como Buñuel o Dalí. En este ambiente, Lorca se dedicó con pasión no sólo a la poesía, sino también a la música y el dibujo, y empezó a interesarse por el teatro. Sin embargo, su primera pieza teatral, El maleficio de la mariposa, fue un fracaso.
En 1921 publicó su primera obra en verso, Libro de poemas, con la cual, a pesar de acusar las influencias románticas y modernistas, consiguió llamar la atención. Sin embargo, el reconocimiento y el éxito literario de Federico García Lorca llegó con la publicación, en 1927, de Canciones y, sobre todo, con las aplaudidas y continuadas representaciones en Madrid de Mariana Pineda, drama patriótico.
Entre 1921 y 1924, al mismo tiempo que trabajaba enCanciones, escribió una obra basada en el folclore andaluz, el Poema del cante jondo (publicado en 1931), un libro ya más unitario y madurado, con el que experimenta por primera vez lo que será un rasgo característico de su poética: la identificación con lo popular y su posterior estilización culta, y que llevó a su plena madurez con el Romancero gitano (1928), que obtuvo un éxito inmediato. En él se funden lo popular y lo culto para cantar al pueblo perseguido de los gitanos, personajes marginales marcados por un trágico destino. Formalmente, Lorca consiguió un lenguaje personal, inconfundible, que reside en la asimilación de elementos y formas populares combinados con audaces metáforas, y con una estilización propia de las formas de poesía pura con que se etiquetó a su generación.
Tras este éxito, Lorca viajó a Nueva York, ciudad en la que residió como becario durante el curso 1929-1930. Las impresiones que la ciudad imprimió en su ánimo se materializaron en Poeta en Nueva York (publicada póstumamente en 1940), un canto angustiante, con ecos de denuncia social, contra la civilización urbana y mecanizada de hoy. Las formas tradicionales y populares de sus anteriores obras dejan paso en esta otra a visiones apocalípticas, hechas de imágenes ilógicas y oníricas, que entroncan con la corriente surrealista francesa, aunque siempre dentro de la poética personal de Lorca.
De nuevo en España, en 1932 Federico García Lorca fue nombrado director de La Barraca, compañía de teatro universitario que se proponía llevar a los pueblos de Castilla el teatro clásico del Siglo de Oro. Su interés por el teatro, tanto en su vertiente creativa como de difusión, responde a una progresiva evolución hacia lo colectivo y un afán por llegar de la forma más directa posible al pueblo. Así, los últimos años de su vida los consagró al teatro, a excepción de dos libros de poesía: Diván del Tamarit, conjunto de poemas inspirados en la poesía arabigoandaluza, y el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1936), hermosa elegía dedicada a su amigo torero, donde combina el tono popular con imágenes de filiación surrealista.

Bibliografía
Impresiones
Granada. Paraíso cerrado para muchos
Semana Santa en Granada
Narraciones
Historia de este gallo
Degollación del Bautista
Degollación de los Inocentes
Suicidio en Alejandría
Santa Lucia y San Lázaro
Nadadora sumergida. Pequeño homenaje a un cronista de salones
Amantes asesinados por una perdiz
La gallina
Conferencias
Charla sobre teatro
Teoria y juego del duende
Las nanas infantiles
La imagen poética de Luís de Góngora
Homenajes
En homenaje a Luis Cernuda
De mar a mar
Poesía
Libro de Poemas (1921)
Poema del cante jondo (1921)
Primeras canciones (1922)
Canciones (1921 - 1924)
Romancero gitano (1924 - 1927)
Poeta en Nueva York (1929 - 1930)
Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1935)
Seis poemas gallegos
Diván del Tamarit (1936)
Poemas sueltos
Cantares populares
Teatro
El maleficio de la mariposa (1919)
Los títeres de Cachiporra. Tragicomedia de Don Cristobal y la señá Rosita.
Mariana Pineda (1925)
Teatro breve (1928):
La zapatera prodigiosa (1930)
Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín (1931)
Retablillo de don Cristobal. Farsa para guiñol (1931)
Así que pasen cinco años (1931)
El público (1933)
Bodas de sangre (1933)
Yerma (1934)
Doña Rosita la soltera o El lenguaje de las flores (1935)
La casa de Bernarda Alba (1936)
Viaje a la luna

 Federico García Lorca con la actriz Margarita Xirgu y Cipriano Rivas en la presentación de Yerma (1934)

Obras


Adam



Árbol de Sangre riega la mañana
por donde gime la recién parida.
Su voz deja cristales en la herida
y un gráfico de hueso en la ventana.

Mientras la luz que viene fija y gana
blancas metas de fábula que olvida
el tumulto de venas en la huida
hacia el turbio frescor de la manzana,

Adam sueña en la fiebre de la arcilla
un niño que se acerca galopando
por el doble latir de su mejilla.

Pero otro Adán oscuro está soñando
neutra luna de piedra sin semilla 

donde el niño de luz se irá quemando.

GRANADA
Granada, calle de Elvira, 
donde viven las manolas, 
las que se van a la Alhambra, 
las tres y las cuatro solas. 
Una vestida de verde,
otra de malva, y la otra, 
un corselete escocés 
con cintas hasta la cola. 

Las que van delante, garzas 
la que va detrás, paloma, 
abren por las alamedas 
muselinas misteriosas.
¡Ay, qué oscura está la Alhambra! 
¿Adónde irán las manolas 
mientras sufren en la umbría
el surtidor y la rosa? 

¿Qué galanes las esperan? 
¿Bajo qué mirto reposan? 
¿Qué manos roban perfumes 
a sus dos flores redondas? 

Nadie va con ellas, nadie; 
dos garzas y una paloma. 
Pero en el mundo hay galanes 
que se tapan con las hojas. 
La catedral ha dejado 
bronces que la brisa toma; 
El Genil duerme a sus bueyes 
y el Dauro a sus mariposas. 

La noche viene cargada
con sus colinas de sombra; 
una enseña los zapatos 
entre volantes de blonda;
la mayor abre sus ojos 
y la menor los entorna. 

¿Quién serán aquellas tres 
de alto pecho y larga cola? 
¿Por qué agitan los pañuelos? 
¿Adónde irán a estas horas? 
Granada, calle de Elvira, 
donde viven las manolas,
las que se van a la Alhambra, 
las tres y las cuatro solas. 


LLUVIA 
La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje. 

Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante. 

Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe. 

La nostalgia terrible de una vida perdida,
el fatal sentimiento de haber nacido tarde,
o la ilusión inquieta de un mañana imposible
con la inquietud cercana del color de la carne. 

El amor se despierta en el gris de su ritmo,
nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
al contemplar las gotas muertas en los cristales. 

Y son las gotas: ojos de infinito que miran
al infinito blanco que les sirvió de madre. 

Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio
y le dejan divinas heridas de diamante.
Son poetas del agua que han visto y que meditan
lo que la muchedumbre de los ríos no sabe. 

¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
lluvia buena y pacifica que eres la verdadera,
la que llorosa y triste sobre las cosas caes! 

¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas
almas de fuentes claras y humildes manantiales!
Cuando sobre los campos desciendes lentamente
las rosas de mi pecho con tus sonidos abres. 

El canto primitivo que dices al silencio
y la historia sonora que cuentas al ramaje
los comenta llorando mi corazón desierto
en un negro y profundo pentagrama sin clave. 

Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
tristeza resignada de cosa irrealizable,
tengo en el horizonte un lucero encendido
y el corazón me impide que corra a contemplarte. 

¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman
y eres sobre el piano dulzura emocionante;
das al alma las mismas nieblas y resonancias
que pones en el alma dormida del paisaje! 

 

CANCION OTOÑAL 
Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas,
pero mi senda se pierde
en el alma de la niebla.
La luz me troncha las alas
y el dolor de mi tristeza
va mojando los recuerdos
en la fuente de la idea. 

Todas las rosas son blancas,
tan blancas como mi pena,
y no son las rosas blancas,
que ha nevado sobre ellas.
Antes tuvieron el iris.
También sobre el alma nieva.
La nieve del alma tiene
copos de besos y escenas
que se hundieron en la sombra
o en la luz del que las piensa. 

La nieve cae de las rosas,
pero la del alma queda,
y la garra de los años
hace un sudario con ellas. 

¿Se deshelará la nieve
cuando la muerte nos lleva?
¿O después habrá otra nieve
y otras rosas más perfectas?
¿Será la paz con nosotros
como Cristo nos enseña?
¿O nunca será posible
la solución del problema? 

¿Y si el amor nos engaña?
¿Quién la vida nos alienta
si el crepúsculo nos hunde
en la verdadera ciencia
del Bien que quizá no exista,
y del Mal que late cerca? 

¿Si la esperanza se apaga
y la Babel se comienza,
qué antorcha iluminará
los caminos en la Tierra? 

¿Si el azul es un ensueño,
qué será de la inocencia?
¿Qué será del corazón
si el Amor no tiene flechas? 

¿Y si la muerte es la muerte,
qué será de los poetas
y de las cosas dormidas
que ya nadie las recuerda?
¡Oh sol de las esperanzas!
¡Agua clara! ¡Luna nueva!
¡Corazones de los niños!
¡Almas rudas de las piedras!
Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas
y todas las rosas son
tan blancas como mi pena. 
 Critica Literaria

FEDERICO GARCÍA LOCA : UN POETA Y LA CRÍTICA LITERARIA 
Guillermo Rodríguez Rivera

Este siglo que está por terminar —imagino que para bien, porque ya nos ha dejado bastantes desastres—, ha sido el siglo, entre otras tantas cosas, de la teoría literaria. Desde sus primeras décadas se produce el establecimiento de la lingüística estructural, del acercamiento inamanente al texto literario que va a proliferar, desde el seminal formalismo ruso, en numerosas escuelas que inundan primero Europa y de allí se van extendiendo al mundo entero. Señaladamente, al continente americano.
Los estructuralismos (llamémoslos así para evitarnos ahora las numerosas especificaciones) dotaron a los estudios literarios de una objetividad que había sido imposible en tiempos anteriores y, sobre todo, de una capacidad de estudio del texto de la obra en cuestión, que antes era apenas un añadido a acercamientos a su contexto.
El crítico estudiaba el ámbito histórico en el que la obra había surgido, se demoraba en la explicación exhaustiva de la biografía del autor, asediaba las características de la tendencia literaria en la que la obra se inscribía, pero a la hora de acercarse al texto mismo, apenas si nos hacía una paráfrasis de sus contenidos, de sus asuntos, explicados con mayor o menor honduras sociológica, filosófica, sicológica. El análisis de su lenguaje se limitaba a la localización de los codificados procedimientos que la preceptiva y la retórica establecían desde siglos atrás y que no sólo quedaban en la pura superficie sino que se establecían en normas, en regulaciones (¿no es esa la finalidad de la preceptiva?), que determinaban de antemano lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo, lo admisible y lo intolerable en términos del lenguaje literario.
Federico García Lorca pertenece a la generación literaria que, en Europa, asume la transformación de la literatura en el sentido en el que lo entiende el vanguardismo. Aunque la única tendencia propiamente vanguardista en España es el ultraísmo, resulta una corriente que vale por su capacidad de innovación, de ruptura, pero que tiene escasa significación en la realización de obras de calidad.
Creo que un fenómeno renovador más profundo se manifiesta en España con la Generación del 27 que va a ser, asimismo, la que en sus críticos produzca el acercamiento inamanente al texto literario que los estructuralismos demandaban. Es ya el caso de Dámaso Alonso.
Pero yo creo que un gran poeta lleva siempre dentro de sí un excelente crítico de poesía y, en más de un sentido, un teórico de su quehacer. Eso es lo que le permite la complicidad en la visión "desde dentro" de sus explicaciones de los textos y de sus generalizaciones sobre los mismos.
Federico García Lorca nunca ejerció manifiestamente la crítica de poesía y, cuando intentaron forzarlo a "teorizar", reaccionó con el espíritu sarcástico de los poetas de su generación, con esa visión risueñamente iconoclasta que caracterizó siempre a los vanguardistas. Cuando su compañero Gerardo Diego compone la célebre Antología consultada y reclama de Federico su poética, Lorca le responde "de viva voz":
Pero ¿qué voy a decir yo de la Poesía? ¿Qué
voy a decir de esas nubes, de ese cielo?
Mirar, mirar, mirarlas, mirarle, y nada más.
Comprenderás que un poeta no puede decir nada
de la Poesía. Eso déjaselo a los críticos y
profesores. Pero ni tú ni yo ni ningún poeta
sabemos lo que es la Poesía.
Aquí está; mira. Yo tengo el fuego en mis
manos. Yo lo entiendo y trabajo con él
perfectamente, pero no puedo hablar de él
sin literatura.
Pero al final de su texto "hablado", escribe, especifica Federico:
En mis conferencias he hablado a veces de la
Poesía, pero de lo único de lo que no puedo
hablar es de mi poesía. Y no porque sea un
inconsciente de lo que hago. Al contrario, si
es verdad que soy poeta por la gracia de Dios
—o del demonio --, también lo es que lo soy
por la gracia de la técnica y del esfuerzo,
y de darme cuenta en absoluto de lo que es
un poema.
Me parece inevitable reconocer que estas opiniones encontradas, pero también complementarias, muestran a un poeta que tiene absoluta conciencia del papel que desempeña el conocimiento a fondo del hecho poético, pero que a la vez manifiesta una actitud vergonzante en la aceptación de esa esfera del conocimiento de la poesía, acaso porque teme perder la condición de libertad que garantiza la poesía, pero que no por ello renuncia a los puros asideros "razonables" de la actividad teórica y crítica.
Cuando escribe su conferencia sobre "La imagen poética de don Luis de Góngora", García Lorca se explaya en la contraproducente misión de los profesores de su época (quiero decir, de sus tiempos de estudiante) que todavía seguían los criterios de los analistas de la literatura en el siglo XVIII, que hablaban de un Góngora doble, el claro y aceptable "príncipe de la luz" y el extravagante "príncipe de las tinieblas", criterios refrendados y puestos en circulación luego por la autoridad de Menéndez y Pelayo.
García Lorca tiene un explicable desdén por esta crítica propaladora de los prestigios aceptados con juicios que se apoyan en tópicos, en lugares comunes y que, el crítico, el teórico, no estima que debe verificar atendiendo al texto mismo y a los nuevos caminos que sigue la poesía y que son trazados por los poetas. Lorca está peleando contra esa validación de la "estética periodística" y ocasional de Ramón de Campoamor; con la de la exaltación del retórico Zorrilla; con el elogio al "insípido" Nuñez de Arce. Pero no está invalidando el quehacer de "críticos y profesores", aunque les haga un travieso mohín de burla: su propia valoración de Góngora está mostrando un método de exégesis, perfectamente válido, que no se viste del metalenguaje de la crítica al uso, sino que mantiene el donaire en el uso del idioma que es el propio del poeta.
Lorca no quiere "dar la lata", quiere "entretener", (¿no era lo que decía Bertolt Brecht que debía hacer el teatro más serio?), pero quiere mostrar —no han hecho otra cosa los mejores críticos—, develar "el juego de la emoción poética".
Para acercarse a Góngora, Federico empieza por remitirse al pasado poético de España, al mundo poético anterior al poeta cordobés y que conduce a él. Está siguiendo el proceso de la poesía española porque, como sabe el más académico de los historiadores literarios, un gran poeta es siempre un eslabón, es el resultado de un devenir que ha llegado hasta él. En la comprensión de García Lorca, la poesía de don Luis de Góngora es una consecuencia inevitable del camino que hasta él había seguido la de España. Es impresionante como Lorca va remitiendo la compleja metaforización gongorina, la metaforización barroca de sus grandes poemas culteranos, a un uso de la metáfora cuyas maneras esenciales de hacer se hallan en la tradición popular andaluza. Federico recuerda que la metáfora, el cambio de sentido, es una facultad de la lengua misma y, en ese sentido, anterior a la propia literatura.
No sé si Lorca había revisado la Ciencia nueva de Gianbattista Vico, el filósofo italiano que historiza el problema de la metáfora, que lo extrae de la vieja concepción ciceroniana que lo veía como puro ornato, como decoración, y la entiende como entidad cognoscitiva. Sus reflexiones sobre esta misión de la metáfora estan en la linea de las de Vico, como su reivindicación de la presencia de la metáfora en la lengua cotidiana, entroncan con el libro de Remy de Gourmont L'esthetique de la langue française, a quien tampoco Lorca cita en su conferencia, y al que no sé si había leido.
Pudo haber sido por no "darnos la lata" con inacabables referencias académicas, pero su reflexión sigue la más importante de su tiempo en la consideración del fenómeno tropológico. Con el análisis lorquiano, la metáfora gongorina es devuelta a una poderosa elementaridad que nos la entrega como una fuerza natural de la lengua, ajena a todos los retorcimientos que en ella han querido verse



Final de
 La casa de Bernarda Alba 
en el manuscrito autógrafo de Lorca